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¡Le invitamos a adorar con nosotros todos los domingos!
Estudio Bíblico: 10:30 a.m.
Culto de Adoración y Predicación: 11:30 a.m.
Cada martes Culto de Oración 12:00 p.m. a 1:00 p.m.

NAVIDAD ES LUZ

Isaías 9:2:

“El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.”

 Juan 1:4-9:

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.”

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      En aquella primera Navidad nació un salvador. Un salvador para todo el mundo. Por eso se llamó Jesús. Y él es la razón de nuestra celebración. Celebramos la Navidad porque Cristo nació. La navidad va más allá de los regalos, de jolgorios y los banquetes. Va más allá de un programa especial el 25 de diciembre con la escena del pesebre. La navidad es anunciación de paz. Es celebración de amor. Es el mensaje de esperanza y luz al quebrantado de corazón. En Jesús el mundo recibe, la paz, el amor y la luz de Dios en forma personal.

      La navidad es el mensaje de Jesús, el divino Emanuel, el nacimiento de nuestra salvación, la dádiva del Dios encarnado. Y mientras el mundo prostituye el sentido puro de la Navidad, la iglesia puede diafanizarlo, purificarlo con la devoción de un alma reverente. Se dice que Isaías fue profeta y que a la misma vez fue el primer apóstol y evangelista porque hablaba mucho de Jesús en sus profecías y se dice de Juan que era tanto evangelista y profeta. Ambos combinaron sus mensajes para anunciar la luz del mundo. 

      Eso es Navidad.  Navidad es luz. Es alegría. Es presencia. Es bendición. Es Dios con nosotros en la persona de Jesús. Celebremos la Navidad este año como nunca; llenos de júbilo y agradecimiento; llenos de esperanza. ¡Que nuestras voces sean el eco de expresión de alabanza de Santiago apóstol: “Bendito el Dios de toda buena dádiva y de todo don perfecto que desciende de lo alto del Padre de la luces en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.” 

¡Aleluya!